Aunque Berna ostenta el título oficial de capital de Suiza, Ginebra suele considerarse la principal ciudad del país por varias razones significativas. Situada a orillas del lago Lemán, justo al otro lado de la frontera con Francia, Ginebra alberga las sedes de organizaciones internacionales como la ONU, la OMC y la Cruz Roja.
Con una población de aproximadamente 200.000 habitantes, de los cuales casi la mitad son extranjeros, la popularidad de Ginebra no es casual. Además de ser un centro financiero mundial, en 2014 fue nombrada la mejor ciudad del mundo para vivir.
El idioma oficial de la ciudad es el francés, pero también hay mucha gente que habla italiano, portugués y español. Además, es común que cualquier otra persona en Ginebra hable inglés. Este cosmopolitismo crea un ambiente único en la ciudad, lo que le ha valido a Ginebra el sobrenombre de una pequeña Nueva York.
La historia de Ginebra se remonta a la antigüedad, ya que Julio César mencionó asentamientos celtas en el emplazamiento de la ciudad moderna. Oficialmente, se cree que Ginebra se fundó antes del año 120 a.C., pero su verdadero florecimiento se produjo en el siglo XVI.
Durante el siglo XVI, Ginebra, Berna y Zúrich unieron sus fuerzas para crear una poderosa unión. Los refugiados religiosos de toda Europa buscaron refugio en Suiza, y Ginebra se convirtió en el epicentro de la Reforma. Con el paso del tiempo, Europa se enfrentó a tiempos turbulentos, pero incluso en el siglo XX, Ginebra consiguió mantener su reputación.
La decisión de Suiza de permanecer neutral y no participar en ninguna de las guerras mundiales consolidó su estatus como centro de la diplomacia mundial. Esta neutralidad también contribuyó a preservar el aspecto histórico de Ginebra, ya que la ciudad no fue destruida en tiempos de guerra. Los ginebrinos veneran profundamente los monumentos culturales de su ciudad.